El primer acercamiento a la electrónica sucede generalmente como quien visita un territorio ajeno. Otros artistas encuentran en ella una forma de volver a casa. En Ale Sergi, esa relación no empezó con una cabina ni con un set de DJ, ya estaba presente desde los primeros pasos de Miranda! cuando los sintetizadores, las programaciones y la teatralidad del pop convivían con una escena independiente que encontraba en la noche uno de sus principales espacios de circulación.
Con MÍA, su reciente colaboración con Brigado Crew, Sergi vuelve a tender un puente entre dos mundos que, en su recorrido, nunca estuvieron del todo separados. Publicado el 14 de octubre, el single reúne al cantante y compositor con Martín Gil y Braian Harrison, integrantes del dúo argentino de música electrónica, en una canción que busca generar esa conexión de la melodía pop con una producción pensada para la pista de baile.
El encuentro nació de conversaciones virtuales y tomó forma cuando Brigado Crew le envió una base instrumental. Sobre ese primer material, se empezó a trabajar en la melodía y la letra. Después llegaron los encuentros, las revisiones y la búsqueda de un equilibrio que tenía como objetivo que la canción conservara su capacidad de quedarse en la memoria sin perder su lugar dentro de un set electrónico.
Ese equilibrio es, quizás, el aspecto más interesante de MÍA. No se trata solamente de sumar una voz reconocible a una base de baile, sino de encontrar el punto en el que una canción puede sostener su identidad melódica y, al mismo tiempo, integrarse a otra lógica musical. La voz deja de pertenecer exclusivamente al universo del recital pop y empieza a habitar también el espacio colectivo del club, donde las canciones adquieren otros sentidos a partir del ritmo, la repetición y el movimiento.
Para entender este cruce hay que volver sobre el recorrido de Ale Sergi. Miranda! nació en 2001 y construyó una identidad en la que la electrónica no funcionaba como un simple adorno sino que era parte de la arquitectura de sus canciones. Los sintetizadores, las programaciones formaron parte de un lenguaje que encontró en el electropop una manera singular de narrar el deseo, el desamor y los excesos sentimentales.
La electrónica también parece aparecer en los márgenes de ese proyecto, en sus búsquedas personales y en su interés sostenido por la música de baile. Su relación con los vinilos y con distintas tradiciones electrónicas permite pensar a Sergi no solamente como un intérprete que incursiona en otro género, sino como un músico que lleva tiempo escuchando y explorando un universo que ahora encuentra una nueva forma de expresión en MÍA.
Del otro lado está Brigado Crew, el dúo argentino que desarrolla su propio recorrido dentro de la electrónica y que, en los últimos años, también exploró formatos que acercan la experiencia del DJ set a la de una banda en vivo. Su proyecto Momentum, presentado en 2026, propone justamente ese diálogo entre la mezcla en tiempo real y la presencia de músicos, sintetizadores, teclados y voces. La colaboración con Sergi aparece así en un contexto de apertura hacia otros lenguajes y posibilidades escénicas.
La unión entre ambos proyectos también invita a mirar más allá de las fronteras entre géneros. La música electrónica argentina tiene sus propios circuitos, productores y formas de circulación internacional; el pop, por su parte, cuenta con canciones capaces de atravesar generaciones y públicos. Cuando esos caminos se cruzan, no necesariamente se diluyen las diferencias, sino que pueden aparecer nuevas maneras de escuchar, producir y compartir música.
En MÍA, la pregunta no es si Ale Sergi se aleja del pop para acercarse a la electrónica, o si Brigado Crew adapta su sonido a las exigencias de una canción. Lo interesante es el espacio que construyen entre ambos. Un lugar donde la melodía puede ser íntima y bailable, donde la voz conduce sin imponerse sobre la producción y donde el formato canción encuentra otra dimensión en la pista.
Quizás el vínculo de Sergi con la electrónica siempre haya tenido algo de eso, la posibilidad de transformar una emoción en movimiento. No es una ruptura con su historia, sino una nueva forma de recorrerla. Y en ese desplazamiento, del escenario a la pista y de la canción a la mezcla, Ale Sergi vuelve a encontrarse con un territorio que, de algún modo, siempre estuvo cerca.

