Cómo fue esa noche en el teatro Vorterix, Deseo estaba explotado. Antes de que Blair apareciera sobre el escenario, el lugar ya tenía su propia banda sonora habitual: Twin Peaks atravesando la sala, preparando el clima para una noche que, desde el comienzo, iba a estar atravesada por lo cinematográfico. Sobre los telones proyectados los ojos de Blair, rodeados de encaje, observando al público. Todo estaba preparado para hacernos entrar en su universo desde el minuto uno.
Su entrada fue contundente. Abrió el show con “Rabia del corazón”, una canción de su último disco, y casi de inmediato el público respondió cantando cada palabra. Luego vinieron “Rothmans” y “Opuesto complementario”, dos temas de Llorando en la fiesta, que recordaron que esta no sería solo una despedida, sino también un recorrido por todo lo que llevó hasta Bar Scorpios.
Después de ese tramo inicial, Blair habló. Les dio la bienvenida a todos y anunció la despedida de su último disco. A continuación, sonó “Todo lo que tengo” acompañado por la efusividad del público, pero la atmósfera cambió súbitamente con “Dejar de ser yo”, en su esperada versión íntima acompañada solo por el piano. Por un momento, la fuerza del comienzo cedió ante una Blair más cercana, vulnerable, mientras el público seguía pendiente de cada nota.

Foto: Diego Triplab
Continuó con “Mi suerte” y “Novios imaginarios”, dos canciones de Llorando en la fiesta que volvieron a conectar con esas primeras etapas de su carrera. El público no dejó de cantar. Cada vez que empezaba una canción, las voces se levantaban antes que ella, como si aquellas letras ya no le pertenecieran solo a Blair, sino a todos los que estábamos ahí.
Y entonces llegó Bar Scorpios otra vez con “Intenté salvar a Dios”. Hasta ese punto, Blair había interpretado el papel de Teresa, la figura rubia que acompaña la historia dentro del espectáculo y refuerza el lado teatral del show.
Pero el clímax llegó con “Pecados brutos”.
Primero sonó el interludio con la voz de Mariana Enriquez y el video proyectado en la pantalla. Cuando Blair regresó al escenario, ya no era Teresa. Estaba vestida de rojo. Había un cambio claro. El personaje se transformó, y el show entró en otra fase: algo había cambiado, y la historia avanzaba.

Foto: Diego Triplab
A partir de ahí llegó “Entre caníbales”, la versión de Soda Stereo que registró para su Spotify Session. Ya había demostrado su fuerza en ese formato, y ahora, en vivo, volvió a arrastrar a la audiencia con su energía.
Luego fue el turno de “Carne viva”, su tema con Dillom, aunque esta vez lo cantó sola. Fue otro de los momentos más intensos del recital, antes de que continuara con el resto del repertorio.
“Padre muerto” y “Otra noche en los 70” llevaron la noche hacia su cierre. Y luego, finalmente, llegó “Bar Scorpios”, la canción que dio nombre a toda esta etapa. En ese contexto, ya no era solo una canción más. Era el nombre de una era que terminaba, y tenía un peso especial.
Después vinieron “Hombre roto” y “Mañana hablarán de mí”. El repertorio avanzaba, y el público seguía respondiendo con cada palabra.
Para cerrar, “Sola” en una versión hecha por su banda y “Nunca lo van a entender” dieron el final. Pero no fue un cierre silencioso. Fue en “Nunca lo van a entender” donde el pogo alcanzó su punto máximo. La gente saltó, cantó con furia y convirtió el último tema en una catarsis colectiva.

Foto: Diego Triplab
Lo que Blair demuestra especialmente en vivo es su habilidad para construir atmósferas. No necesita llenar cada segundo de efectos para mantener la atención. Puede lograrlo con una canción, una imagen, una luz o simplemente con su presencia. Y, en realidad, tampoco necesita mucho más que su voz y su banda para convertir un concierto en una fiesta.
Esa capacidad también se mantiene por la fidelidad de sus fans. Hay algo especial en la relación que Blair ha forjado con su público, la siguen en cada etapa, conocen las canciones, las historias, los personajes. Y vuelven cada vez para cantar como si muchas de esas canciones también fueran suyas. La respuesta de Deseo durante toda la noche fue prueba de eso.
Y también hay una Blair diferente a la de sus primeros discos. Su voz suena más madura, y su forma de interpretar las canciones ha cambiado. Ahora camina con mayor seguridad frente a su propio repertorio, juega con los distintos personajes que forman parte de su universo.
Tras recorrer diferentes momentos de su discografía, atravesar personajes, imágenes y climas, Blair dejó atrás oficialmente la era.
El cierre no fue solemne. Fue un estallido final, un último momento de liberación. Lo que quedó en Deseo fue la sensación de haber vivido algo más que una despedida. Durante la noche, Blair creó un espectáculo donde las canciones se mezclaron con una narrativa visual y teatral que permitió que Bar Scorpios tuviera su despedida y su celebración. Un ciclo que termina después de haber llevado a su autora por escenarios, festivales, reconocimientos y nuevas audiencias.
Ahora queda esperar qué viene después. Porque lo que dejó claro esta despedida es que, para Blair, cerrar una era nunca significa apagar las luces.

