El 31 de octubre, el CAFF se convirtió en el punto de encuentro para descubrir qué pasó por la cabeza de Cata Carpena durante su tiempo lejos de los escenarios. Su regreso fue también una invitación a recorrer ese universo que fue construyendo en silencio, desde canciones nuevas, búsquedas sonoras inesperadas hasta una sensibilidad que hoy parece encontrar refugio en la melancolía, la nostalgia y los pequeños espacios de intimidad.
De las catorce canciones que integraron el repertorio, diez fueron inéditas. Una decisión que dejó poco espacio para mirar hacia atrás y refugiarse en lo conocido. En lugar de construir una vuelta alrededor de sus canciones anteriores, Cata eligió presentar el material sobre el que viene trabajando, invitando al público a descubrir una identidad artística que se siente diferente a la de sus etapas previas.

Foto: Taty Alfano
Las nuevas composiciones recorren distintas sonoridades. Algunas se acercan desde una instrumentación más acústica y despojada; otras exploran paisajes musicales diferentes. Sin embargo, hay un hilo que las conecta y es una atmósfera introspectiva. Como si cada canción permitiera asomarse a distintos rincones de su cabeza durante todo este tiempo lejos del escenario. No se trata solamente de escuchar canciones nuevas, sino de entrar en contacto con una sensibilidad que encontró otras formas de expresarse.
Del otro lado, el público acompañó ese recorrido con una escucha atenta. Hubo disposición para dejarse llevar por canciones desconocidas, para seguir sus melodías y entrar de a poco en este universo que comenzaba a desplegarse sobre el escenario. Pero cada vez que aparecía una canción de Los viejos con guita, la atmósfera cambiaba: los festejos, los reconocimientos y la complicidad se hacían presentes. Dosmiluno, El mundo es tuyo, Para qué vivo y Muchacha encontraron su lugar en medio de un repertorio mayoritariamente inédito. El público celebró lo que ya conocía y escuchó con atención lo que todavía tenía por descubrir. Una vez más, acompañó a Cata, esta vez en el comienzo de una etapa diferente.

Foto: Taty Alfano
La noche avanzó y los momentos en solitario frente al piano y la guitarra terminaron de darle otra dimensión al recorrido. Allí, sin necesidad de grandes gestos, las canciones encontraron un espacio de mayor cercanía. La intimidad no funcionó como un recurso aislado, sino como parte de una identidad que atraviesa esta nueva etapa: una forma distinta de narrarse, de exponerse y de construir un vínculo con quienes están del otro lado.

Foto: Taty Alfano
Entre esos puntos de encuentro con su historia reciente, apareció Para qué vivo, que encontró una versión especial en piano y voz. Fue precisamente allí donde apareció uno de los cruces más interesantes de la noche y mis favoritos, el mashup que dejó entrar a Semiótico, canción perteneciente a una era anterior de Cata. Por unos instantes, pasado y presente compartieron el mismo espacio. Una especie de guiño a quien fue, sin interrumpir el camino hacia quien está empezando a ser. Pareciera ser noviembre un mes especial para las artistas que hacen estos guiños a su público, como lo fue en el año 2023 donde también Taylor Swift presentaba su primer mashup piano y voz.
El regreso de Cata Carpena no parece responder a la necesidad de retomar una historia donde había quedado suspendida. Más bien, se siente como la apertura de un capítulo nuevo. Diez canciones inéditas fueron suficientes para entender que durante el silencio hubo movimiento, búsqueda y transformación. Que lejos de los escenarios también se construyen universos, y que algunas veces hace falta tomar distancia para encontrar una nueva manera de volver.

Foto: Taty Alfano
Esta vez, Cata no regresó solamente para volver a cantar sus canciones. Regresó para presentarnos las que todavía no conocíamos. Y del otro lado encontró un público dispuesto a escucharlas, celebrarlas y acompañarla una vez más.

