Piel, pogo y la nueva violencia: Dillom sacude San Juan.

La última vez que Dillom pasó por San Juan, se encontraba en la etapa de Post Mortem, su álbum debut, atravesado por el miedo a la muerte y el deseo de dejar una huella en el mundo. La provocación que lo caracteriza vino acompañada de una propuesta sonora oscura y diversa que combinaba sonidos entre pop, rock, trap, hip hop, horrorcore y música electrónica.


Casi cuatro años después, regresa con La Nueva Violencia y una mirada puesta en otras contradicciones del mundo actual. La provocación sigue presente, pero ahora se combina con la ironía, el absurdo y una mirada incómoda sobre las apariencias y las formas de pertenecer. Su identidad artística que busca romper con las etiquetas tradicionales sigue siendo reconocible, esta vez se expresa a través de una propuesta sonora que cruza el pop, el rock, la electrónica y la new wave. En el escenario, esa nueva violencia no solo se limita al sonido que propone, se vuelve cuerpo, movimientos y provocación por parte del artista, sus coristas y el público.

A las 21:40 los gritos del público anuncian el comienzo del show. Aparece Dillom acompañado por sus talentosas coristas invitadas, Juan Rozas y Babeblade, quienes llevan ramos de flores y van agarradas de él. Viste un traje negro y una camisa morada que parece formar parte de un universo artístico más amplio, en lugar de ser simplemente una elección de outfit. Da la sensación de que a través de los colores llamativos de sus camisas que contrastan con los tonos neutros de sus demás prendas, invita a resaltar lo absurdo y lo irónico de querer resaltar entre la “gente común”. Una interpretación que parece dialogar con el concepto de esta gira, en la que la provocación también se construye a través de la imagen.

Lo primero que se escucha luego de la ovación de la gente, que manifiesta la euforia de volver a tener al artista en la ciudad, es una guitarra que irrumpe con fuerza. Los primeros acordes de La Nueva Violencia se mezclan con los gritos del público y dan inicio a la noche.

El pogo no tarda en aparecer marcando el ritmo que iba a tomar la noche. Comienza a sonar Vedette. El público sigue pogueando y gritando la letra con fuerza. Dillom responde tirando besos de forma torpe y desde abajo el público acompaña esta acción al coro de “¡Dillom! ¡Dillom!”, mientras no deja de saltar demostrando su conexión con él.

Entre saltos, gritos y pogo, comienza a sonar Souvenir, la canción con el toque más romántico de todo el disco y mi favorita. En medio de la intensidad del show, el tema introduce otro matiz. Dillom señala a unas chicas y les dedica una frase sencilla: «Esto es para ustedes». En una noche marcada por la provocación y la violencia que da nombre a su gira, aparece también otra forma de violencia más íntima: la de dejar que nos rompan el corazón al tomar decisiones que sabemos que pueden lastimarnos.

En un momento no muy avanzado del show, el artista recuerda que pasaron cuatro años desde su última visita, pregunta quiénes del público estuvieron aquella vez y agradece a quienes todavía están presentes. La respuesta del público llega en forma de reclamo cómico, al grito de «¡Hijo de puta!». Entre risas y gritos, el público le hace saber que tardó demasiado en volver. El mensaje es claro: después de cuatro años, quieren que la próxima visita no se haga esperar tanto.

Dillom menciona que el show está cerca de su final y la gente corea que no quieren que se vaya. El artista responde con uno de los temas más destacados del disco: Cocodrilo, provocando que el público no pierda el entusiasmo que caracteriza al show desde su inicio. Esta vez, la gente abre un círculo en el medio y empieza a saltar a su alrededor, armando el pogo más grande de la noche. La escena convierte el pogo en algo colectivo: quienes están alrededor acompañan mientras el centro queda reservado para los saltos. La imagen cobra otro sentido al recordar las palabras de Dillom “El pogo es cero violento. Te diría que es lo menos violento de todo”.

Después comienza Minas. Dillom aparece haciendo percusión con una olla y el público no tarda en levantar sus celulares para filmarlo. Esta escena deja una opinión personal: un buen músico puede hacer música con cualquier cosa.

Suena Fashion y entre tanta energía, se puede observar la vestimenta del público. El negro predomina, algunas personas incorporan accesorios que remiten a una estética punk y el merch del artista se hace presente en los torsos del público, sobre sus cabezas o revoleado en el aire como una manifestación del disfrute. Sin embargo, la variedad también se hace notar en la noche: conviven polleras largas, prendas de cuero, jeans, tops, botas y zapatillas. Los outfits parecen combinar distintas formas de expresar la identidad de cada uno, desde referencias a la estética que sigue al artista hasta elecciones más prácticas. Más allá de las prendas elegidas por el público todos tienen algo en común: la música que revienta en esas cuatro paredes, sin necesidad de responder a una única estética para formar parte de la experiencia.

Después llega Nadie Coge Gratis, donde se hace presente la combinación de la electrónica y el rock en una puesta en escena llena de show. Dillom y sus coristas  invitadas hacen una especie de trencito por el escenario, pasan por debajo del pie de un micrófono colocado horizontalmente y desfilan por el centro del escenario mientras que el público baila, salta y los ovaciona. Para finalizar con esta puesta en escena dispuesta a sorprender al público Dillom les da la espalda y les lanza los ramos.

Ya casi al final del show, suena uno de los temas más conocidos de su repertorio: Cirugía. El público canta a todo pulmón y Dillom agradece por “una noche increíble”. Después comienza 220, que dedica al público en referencia a su última visita a San Juan, cuatro años atrás. Tras la promesa del artista de volver pronto, la gente recibe la canción entre voces y celulares en alto. A diferencia de los pogos y los saltos que marcaron buena parte de la noche, esta vez el público parece disfrutar de una manera más tranquila la propuesta de la canción, sin dejar de cantarla a todo pulmón.

Después de sonar lo que parece ser el último tema de la noche, Amigos, la banda se retira del escenario y el público comienza a gritar para pedir su regreso. Minutos después, Dillom vuelve a aparecer con la camisa abierta. Rojo profundo retoma la combinación de rock y electrónica y el público vuelve a saltar. Finalmente, Buenos Tiempos corona la noche: Dillom se saca la camisa, toma unas muletas del público y juega con ellos.

Cuatro años después de su tan anciaddo regreso, Dillom se despide entre guitarras, electrónica, pogo y la ovación de la gente. La noche deja imágenes que van más allá de las canciones: los cuerpos que no dejan de saltar, los ramos de flores que vuelan hacia los fanáticos, una dedicatoria romántica que manifiesta otra idea de violencia y el artista que termina el show sin camisa. La piel queda expuesta al final, después de una noche en la que la música, el movimiento y la teatralidad fueron protagonistas. Afuera, el público sigue eufórico, comenta lo vivido y espera que la próxima visita no tarde tanto en llegar.

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