Winona Riders en Groove: El cero como punto de partida.

Calor, cuerpos en constante movimiento y un público que no dio revancha en toda la noche. Winona Riders pasó por groove para defender su último material discográfico “0%” y, protagonizar lo que fue su última presentación en capital federal en lo que queda de 2026.


En el marco de la presentación de “0%”, su último disco de estudio, Winona Riders plantó bandera este 30 de octubre en Groove para protagonizar una noche de frenesí porteño. En lo que fue su última presentación en capital federal por un tiempo, la banda volvió a encontrarse con un público que ya hizo de sus recitales algo más que una simple fecha en vivo. Con un repertorio que puso en primer plano su material más reciente, pero sin dejar de lado el recorrido que los trajo hasta donde hoy están, la propuesta fue clara: defender el presente artístico que atraviesan y hacerlo frente a gente que está dispuesta a acompañar cada momento.


La noche ya empezaba a tomar forma desde las inmediaciones de Groove. Antes incluso de ingresar, se podía percibir un re buen clima entre quienes se iban acercando al lugar. Grupos de amigos, rondas que se armaban en la vereda y esa previa que, en buena medida, forma parte de la identidad que rodea a Winona; Hay algo particular en el público de la banda, una especie de ranchada colectiva que trasciende el recital en sí mismo. La amistad, la fraternidad y el encuentro, entre conocidos y extraños, parecen ocupar un lugar tan importante como la música, construyendo alrededor de cada fecha un espacio de pertenencia que se reconoce incluso antes de que se enciendan las luces del escenario.


Con la sala empezando a tomar temperatura, los chicos de Louded fueron los encargados de calentar el escenario y abrir la jornada. Una banda que viene construyendo su propio recorrido dentro de la escena independiente y que esta vez tuvo la oportunidad de presentarse ante un público numeroso, en un escenario de mayor dimensión a los que están acostumbrados. Entre pasajes de psicodelia, trémolos y atmósferas envolventes, desplegaron una propuesta a la que no le quedó para nada grande el espacio. Por el contrario, supieron aprovechar cada momento de su presentación y dejar una muy buena impresión del proyecto a los allí presentes. La respuesta del público se hizo notar especialmente hacia el final, cuando una gran cantidad de aplausos acompañó el cierre del último tema de su set.

La fecha también funcionó como una nueva oportunidad para presentar “Espiral perfecto”, sencillo que la banda ya venía tocando en vivo y que recientemente llegó a las plataformas digitales. Una pieza consolidada dentro de su repertorio y que encontró una nueva instancia para llegar a otros oídos. Para Louded, la noche dejó una buena imagen y otro paso en un recorrido que merece seguir encontrando espacios de difusión.


Antes de que Winona Riders subiera al escenario, las luces se apagaron y una imagen apareció proyectada en el fondo: “Stooges? Velvets? Spacemen?”, una frase que funciona casi como una declaración de principios y que acompaña a la banda desde hace mucho tiempo. Al mismo tiempo empezó a sonar a todo volumen “Servo” de The Brian Jonestown Massacre.

Foto: Milu del Priore

Lo que hasta entonces era una sala dispersa empezó a concentrarse alrededor del escenario, casi como si la canción hubiese sido utilizada como una especie de llamado que solo el público de Winona podría entender. El repertorio comenzó con “Winona Bootlegs”, una elección particular para abrir el recorrido. Casi enteramente instrumental, sostenida por una serie de coros que aparecen hacia el final del tema, la canción parece funcionar también como un guiño a esos registros caseros y filmaciones no profesionales que circulan alrededor de la banda, bootlegs que forman parte de su universo. Después llegó “Adiós (A dios)”, con Ricky al frente de las voces, dando continuidad a un comienzo que ya empezaba a marcar el pulso de la noche. Con “Ingrid Grudke” y “Joel”, el repertorio tomó otro impulso.

Foto: Milu del Priore

Dos canciones de mayor intensidad que llevaron el éxtasis del público hacia un terreno físico entre gente bailando y pogueando. La intensidad continuó por otro camino con “Santo Sagrado de las Traiciones” y “Prueba y Error” que, con pasajes psicodélicos y bailables, invitan a dejarse llevar por la repetición, generando un trance colectivo. El recorrido continuó alejándose por un momento del último material con “Dr. Faim”, una canción con un sonido más áspero y contundente, que volvía a poner la distorsión en primer plano.

Foto: Milu del Priore

Después llegaría “El rock and roll está matando mi rock and roll” y “Cosas que no puedo contar”, una composición atravesada por una letra particularmente dura, que le aportó otra profundidad al set. Luego de que terminara de sonar la contestataria “Viajando en el asiento de atrás”. Luego la voz principal quedaría en manos de Francisco, que se levantó de la batería y, sentado de espaldas al público comenzó a entonar “génesis”, que funcionó como una especie de cable tierra, preparando el terreno para lo que sería “V.V.”; cerca de doce minutos de música, cuerpos suspendidos en el aire y guitarras frenéticas, derivaron en “Lisas y Rayadas”, uno de los temas que ya empiezan a consolidarse como un himno de lo que fue “0%”. La seguidilla continuó con “Yo no disparo, Yo soy la bala”, pesada y oscura, y con una letra cargada de protesta. Después de ese pasaje más oscuro, un sintetizador de sonido casi infernal, anunciaba la llegada de “A.P.T”, que volvió a desatar el descontrol entre el público y, sin dar respiro, una transición perfectamente ejecutada desembocó en “La letra chica”, manteniendo la intensidad del recorrido.

Foto: Milu del Priore

El último bloque reunió los tres temas que todavía faltaban del disco, primero llegó “Nuevos Hechos Emergen”, precedido por un gesto de Ariel, que mostró una bala utilizada durante la represión en el contexto de una de las marchas en contra de la ley de bases. Después sonó “Media Vida”, con una potencia que por momento rozó el metal. Como punto final del set aparecería “0%”. Puramente instrumental, funcionó como una bajada progresiva de intensidad, generó un cierre casi hipnótico que contrastó con el descontrol de buena parte de la noche.

La noche dejó un recorrido intenso y una presentación que estuvo a la altura de un discazo como lo es “0%”. Ahora con Winona Riders dándose un descanso, queda esperar que nuevas formas encontrará todo ese universo sonoro cuando vuelvan a subirse a los escenarios.

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